Dios y el Mundo
No traicionas a nadie cuando me pones en primer lugar. ¿Quién estuvo antes que Cristo y que Buda y que Mahoma sino no era Yo? Ciertamente ellos mismos no, y otros tampoco, pero vivieron en el mundo y le sirvieron. Fueron devotos del mundo, y antes, sobre todo, fueron devotos de Mí. Ellos sabían desde dónde provenían su poder y su bondad. Sabían que la manera de servirle al mundo era servir más que al mundo. Ponerme en primer lugar es como poner un mantel sobre la mesa, antes de poner los platos.
Por supuesto, los Grandes fueron más allá del pensamiento. No había nada en qué pensar. Estaban Conmigo y con sus hermanos a la vez. El punto es que conocían Mi importancia en su servicio a la humanidad. Eso no era ignorar a sus hermanos. Sabían que de Mí provenía su habilidad para servir a sus hermanos. No podía provenir de ningún otro lado.
Los Grandes cuidaban de los individuos tanto como cuidaban de Mí. Conocían la Unidad. No había presiones para que amen de la misma manera, pues simplemente amaban. Siempre había igualdad. Donde fuera que miraran, amaban. Y su conexión Conmigo estaba sobre todo lo demás. Yo era sus ojos y oídos. Tan grandiosa era su visión que ellos y Yo – Dios- no podíamos volvernos Uno sin volvernos todos Uno. Ellos conocían la Unidad. Se habían vuelto Unidad. Se habían parado y vuelto Unidad, y entonces no había nadie que fuera menos. Egoísmo, generosidad, altruismo ya no existían.
Los Grandes veían a los individuos pero no eran consumidos con los individuos. Eran consumidos Conmigo, lo que significa no consumidos en absoluto. Estaban llenos de Mí, entonces servían ampliamente. No ponían a los individuos antes de Mí. Sus ojos estaban en el Dios Superior, y entonces servían. Donde fuera que miraran, ahí estaba Yo. Deja que donde sea que mires me veas, y que sepas que soy Yo.
Mi luz es tan brillante que rodea todo. Te rodea a ti.
Todos los Grandes eran humildes, pues sabían de Quién es la luz que los destacaba y sobre Quien la reflejaban. Los Grandes eran lo más simple de lo más simple, pues ¿qué es más simple que la Unidad? Cada respiro que tomaban era Mío. Cada pensamiento que tenían era Mío, no destilado sino funcionando adecuadamente. No había baches en sus caminos hacia la Unidad. Conocían el río en cascada de la Unidad. Lo conocían en lo profundo de sus huesos. Lo conocían en sus corazones. Lo conocían en sus mentes. Sus consciencias se habían casado con la Mía. Se habían vuelto Una con la Mía. Podríamos decir que reflejaban la Mía, pero con la Unidad no hay espejo. Hay luz.
En cuanto a ti, amado, la Unidad ya es tuya. Nunca ha sido de otra manera, es sólo que tu consciencia de la Unidad ha estado durmiendo. Tu conciencia de la Unidad estuvo fuera, en algún otro lugar, atenta a algo más, perdida en algo más. No perdida realmente, por supuesto, pero perdida para tu consciencia por el momento. Es como si hubieras estado en un largo sueño, y ahora te estás despertando de ese sueño. ¿No eres la Bella Durmiente? Por supuesto que sí. Eres Mi bella durmiente. Naturalmente, debes admitir que has estado dormido al volante.
Lo bueno de estar dormido es que te puedes despertar. Eso es lo que estás haciendo en este momento. Estás medio despierto. Un bostezo o dos más, y luego estarás completamente despierto. Y luego cantarás en la ducha. Y sabrás que la canción que cantas es Mía, que tú eres Mío, que todos son míos y que la Unidad también lo es.
Translated by: Cecilia RPermanent link to this Heavenletter: https://heavenletters.org/dios-y-el-mundo.html - Thank you for including this when publishing this Heavenletter elsewhere.
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