Tú Puedes Hacerlo.

Tú puedes escuchar las palabras de Dios. Todo el mundo puede. No tienes que ser nada más que lo que ya eres. Todo lo que lleva es el deseo, el preguntar y el escuchar. Dios hace el resto.

Cuando hay una comunicación tan gloriosa con Dios, hay un deseo de compartir. Fíjate en los ejemplos a la izquierda cómo Dios viene a través de la singularidad de cada persona.

Bev, una mujer soltera que está empezando un negocio en internet le escribe a Dios todos los días, y lo ha hecho desde el comienzo. Su muestra viene del primer taller, hace tres años.

Johanna, una diseñadora de páginas web, ni siquiera dudaba de que no podía escribirle a Dios. Estaba SEGURA de que NO PODÍA. Vean su primera escritura Heavenletter, hecha luego de sólo una hora de taller.

A.J., dueño de una firma que contrata técnicos, no quería que su escritura Heaven Letter fuera larga y fluída como las Heaven Letters diarias, y obtuvo lo que deseaba.

Abby, una estudiante universitaria de 19 años de edad, se encontró a sí misma en su escritura de Heavenletter.

Un suscriptor mencionó que no entiende cómo las Heavenletters™ son escritas, porque él nunca pudo hacerlo. Dijo que las cartas "...deben venir de Dios."

Eso está bien. ¡Es exactamente lo que yo siento! Yo tampoco entiendo. No soy capaz de esto, y por supuesto, ¡sé que no lo hago yo! ¡No es posible que vengan de mí! Viene a pesar mío. Cada día estoy asombrada. Cada día sacudo mi cabeza y me pregunto cómo puede ser. Cómo puede ser que Dios use mi mano para ser Su instrumento. Aunque Dios ha dicho que todos somos Sus instrumentos. Aún así, hay asombro todas las veces.

Por la más ó menos media hora que las palabras de Dios vienen a través mío, mi ser individual es dejado de lado. Ésto no es contra mi voluntad. Ciertamente tengo la intención, y aún así va más allá de mi voluntad. Podría desearlo fervientemente del anochecer al amanecer, pero es la Voluntad de Dios la que viene y hace una Heavenletter.

El caballero que cree que él nunca podría escribirle a Dios está equivocado. Todos pueden. Es inherente a cada uno de nosotros, y no hay diferencias entre ninguno de nosotros. Yo tampoco tengo la habilidad.

En los talleres de Godwriting™ todos los que vienen se encuentran a ellos mismos escribiendo. Y nadie está seguro de sí mismo, y es difícil de creer para todos, y aún así, cuando las palabras que se escribieron se leen, y recibimos su poder, nuestros egos se desmantelan, y sabemos que algo maravilloso ha sucedido, y de alguna manera hemos sido, a pesar de todo, instrumentos sin pretenciones del Mismo Dios.

No sé cómo enseñar Godwriting más que lo que sé para escribir a Dios. Dios viene y me enseña. Aún así, me parece que Él tampoco lo enseña. Está sólo ahí hablándonos a nosotros, y en un taller nos liberamos tanto que nos atrevemos a escuchar y a escribir. No hay nada que Dios no pueda hacer. Incluso nos puede traer a un taller. Incluso nos puede ayudar a escucharle y ser Sus escribas. No se me ocurre otra explicación.

Mientras hacemos Godwriting somos conscientes de lo que estamos haciendo y de lo que está sucediendo en la sala. Incluso podemos estar escribiendo algo que no parece ser especial o ni siquiera parece tener sentido. Y aún así, cuando volvemos a leer lo que escribimos, lo leemos como si nunca lo hubiéramos visto antes, y vislumbramos su especialidad, y estamos asombrados. Todos en la sala saben que las palabras que leemos en voz alta, o escuchamos leídas por otro, provienen de un nivel especial de Creación.

Es lo mismo para mí. Cuando leo una Heavenletter a la mañana, antes de enviarla, es como si nunca antes la hubiera visto. Y todas las veces que leo una Heavenletter, ese es el caso. Podría ser la Heavenletter de hoy o una de hace tres años atrás, y cada una es oportuna, y cada una es nueva, y cada una hechiza, y es siempre un milagro que yo sea la parte más diminuta de esto.

Dios viene a cada taller de Godwriting™. Y tú estás invitado.